La tecnología no salva vidas por sí sola: detrás de cada alerta hay ingeniería y personas
TRIBUNA | La voz de la profesión por David Ferré, secretario general del Col·legi Oficial d’Enginyers Tècnics de Telecomunicació de Catalunya (COETTC).

Los terremotos registrados recientemente en Venezuela han vuelto a poner de manifiesto el enorme valor de las infraestructuras de telecomunicación cuando cada segundo cuenta. Millones de personas recibieron una alerta temprana en sus teléfonos móviles antes de que llegara la sacudida más intensa. Una tecnología que permitió ganar un tiempo decisivo y que invita a reflexionar sobre una realidad que, con frecuencia, pasa desapercibida: detrás de cada sistema de alerta hay profesionales que hacen posible que funcione.
En esta tribuna, David Ferré, secretario general del COETTC, reivindica el papel de los ingenieros e ingenieras de telecomunicación en el diseño, despliegue y mantenimiento de las redes y sistemas que sostienen servicios esenciales para la sociedad.
Sin ingenieros de telecomunicación, esta noticia no existiría: la alerta que salvó vidas en Venezuela es obra de personas, no de la tecnología por sí sola
Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio dejaron cerca de 200 víctimas mortales, pero el sistema de alerta temprana de Android avisó a millones de personas segundos antes del movimiento más fuerte. El Colegio Oficial de Ingeniería Técnica de Telecomunicación (COITT) recuerda que detrás de cada segundo ganado hay ingenieros e ingenieras que diseñan, construyen y mantienen las redes que lo hacen posible.
Mientras Venezuela lamentaba las consecuencias de uno de los terremotos más devastadores de su historia reciente, miles de personas lograron ponerse a salvo gracias a un aviso que llegó a sus teléfonos hasta 30 segundos antes de sentir la sacudida más intensa. El Sistema de Alerta Sísmica de Android detectó las primeras ondas del sismo a través de los acelerómetros de millones de smartphones y envió una notificación masiva de emergencia antes de que llegaran las ondas más destructivas.
Se ha hablado de la tecnología, de los algoritmos, de los sensores. Pero rara vez se habla de quienes hay detrás: ingenieros e ingenieras de telecomunicación. Son ellos y ellas quienes diseñan las redes que transportan esa señal en milisegundos, quienes dimensionan la capacidad de los sistemas para que no colapsen cuando millones de dispositivos envían y reciben datos a la vez, quienes garantizan la cobertura, la latencia y la fiabilidad necesarias para que un aviso llegue a tiempo. Sin ese trabajo, invisible y previo a cualquier emergencia, no habría treinta segundos que ganar: no habría noticia que contar.
Desde el COITT se insiste en que esta historia no es, en el fondo, una historia sobre Google ni sobre inteligencia artificial: es una historia sobre ingeniería de telecomunicación bien hecha, sostenida por profesionales que trabajan en la sombra, sin protagonismo mediático, pero cuya labor técnica es la que convierte lo que parece magia en algo real y medible en segundos de vida o muerte.
«Cuando una tecnología parece funcionar sola, lo que en realidad hay detrás es el trabajo de ingenieros que llevan años construyendo, probando y manteniendo la infraestructura que la sostiene. Este caso lo demuestra con una crudeza que pocas veces se ve: no es la tecnología la que salva vidas, son las personas que la hacen posible», señala Luis Miguel Chapinal decano del COITT.
El COITT reivindica el reconocimiento social y profesional de la ingeniería técnica de telecomunicación como disciplina crítica del siglo XXI, presente —aunque casi nunca visible— en cada ámbito de la vida humana: desde la respuesta ante catástrofes hasta la sanidad, la educación, la movilidad o la economía digital. Detrás de cada red que funciona cuando más se necesita, hay siempre una persona que la ha hecho posible.
