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Luis Miguel Chapinal: "La ingeniería española como valor estratégico en la economía global"

El desarrollo tecnológico mundial está transformando la geopolítica, creando tensiones en la búsqueda del dominio tecnológico entre las distintas áreas de influencia. Un escenario en el que la concentración de poder en inteligencia artificial, en la fabricación de semiconductores y en el valor de los datos en manos de pocas empresas y países podría generar importantes desigualdades.

Esta competencia está impulsando un cambio en el orden mundial, cuestionando valores liberales y fortaleciendo la multipolaridad, al tiempo que exige a los estados adoptar estrategias para proteger sus intereses y garantizar la ciberseguridad y la gobernanza de los datos.

La Unión Europea no es ajena a esta circunstancia y necesita posicionarse estratégicamente poniendo en valor sus fortalezas, buscando el encaje que el permita mantener el liderazgo en áreas que históricamente le han sido reconocidas.

Es necesario un análisis de los mercados y de la cadena de valor en el suministro hasta alcanzar la utilidad efectiva de las aplicaciones inherentes al desarrollo tecnológico como, por ejemplo, la inteligencia artificial. Tenemos que empezar por analizar el mercado de las tierras raras, necesarias para la fabricación de semiconductores.

Ese mercado de las tierras raras, impulsado por el desarrollo tecnológico, ha experimentado un gran crecimiento impulsado por la demanda de las energías limpias y la electrónica, concentrándose la producción en China. Esta persistente dependencia del suministro chino ha motivado a los gobiernos occidentales a invertir en cadenas de suministro alternativas y a desarrollar proyectos nacionales.

Europa, referente en el mercado de semiconductores

Al igual que ocurre con el mercado de las tierras raras, el mercado de semiconductores está experimentando un crecimiento significativo y sostenido, impulsado por la creciente demanda de inteligencia artificial y centros de datos así como por la recuperación del mercado de PCs y teléfonos inteligentes.

Mientras que Taiwán y Corea del Sur son líderes en la manufactura, Estados Unidos destaca en el diseño de chips, albergando las principales empresas del sector como NVIDIA, Qualcomm, Intel y AMD. Para Estados Unidos es estratégico mantener esta posición y, por ello, ha llegado a importantes acuerdos con los principales fabricantes de otros países como TSMC y Samsung, intentando controlar los caminos del comercio de semiconductores hacia China.

Europa en el mercado de semiconductores tiene mucho que decir, gracias a la investigación y a la ingeniería. La empresa holandesa ASML tiene una importante relevancia en el sector de los chips, al ser líder mundial en la fabricación de las máquinas de litografía necesarias para producir semiconductores. Su tecnología, especialmente la litografía de ultravioleta extremo (EUV), es esencial para la producción de los microchips más avanzados. Los acuerdos estratégicos entre Estados Unidos y Europa han cerrado el camino al uso de estas máquinas en China, obligando a este país a crear una industria propia lejos aún de la tecnología europea.

Precisamente, los chips son utilizados para equipar los centros de datos y los equipos de telecomunicaciones. A nivel global, la empresa china Huawei lidera el mercado, con aproximadamente el 30%, debido a su presencia en China, seguida de las empresas europeas Ericsson y Nokia, ambas con una participación próxima al 15%. Por su parte, la primera empresa estadounidense, Cisco System, ocupa el quinto lugar de este mercado, lejos de las anteriores, con aproximadamente el 5%.

Analizando la cadena de valor, Estados Unidos y Europa están una situación privilegiada para llegar a acuerdos estratégicos sólidos que les permitan mantener la hegemonía tecnológica y con ello la influencia geopolítica.

Un acuerdo en el que EE.UU. aportaría el control de la fabricación y suministro de los chips y Europa la fabricación de los equipos de telecomunicaciones junto con la ingeniería, para afrontar las nuevas generaciones y los avances tecnológicos. Yo sinceramente creo que sería una apuesta ganadora.

Además, en ese acuerdo España, como parte de Europa, tendría que centrar sus esfuerzos en hacer valer el potencial que tiene la ingeniería española, reconocido a nivel internacional. No podemos conformarnos con ser meros consumidores dependientes de aplicaciones de empresas tecnológicas instaladas principalmente en Estados Unidos, como Meta, Microsoft o Google.

Para ser competitiva en este escenario tecnológico global España debe apostar por la ingeniería, pero para ello nuestra clase política debería llegar a pactos de estado en educación, permitiendo desarrollar una ley de la ingeniería que potencie la formación académica así como la aportación recursos y ayudas en investigación y nuevas empresas que desarrollen la tecnología del futuro.